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domingo, 4 de septiembre de 2011

Sobre la película: "Dejad de quererme"

Después de haber pasado el día con un amigo en la sierra catalana de Montserrat, en uno de los temas de los que hemos hablado me ha recomendado la película titulada Dejad de quererme. Es una pena no poder revelar el final de la película puesto que tal hecho supondría la pérdida de interés sobre la misma. Así pues, os invito a verla.

Ahora bien, el tema apuntado hace reflexionar sobre el sentido de la vida y cuáles son las cosas verdaderamente importantes de la misma. Ciertamente, en nuestro mundo occidental, existen unos caminos que nos llevan a unas metas que, más pronto o más tarde, nos acabamos fijando. Como norma, más o menos general, uno estudia -hasta donde puede, hasta donde quiere, hasta donde le dejan- para, a posteriori, encontrar un trabajo que le permita -como no- ganar dinero para poder ejecutar algunas de las acciones que casi todo hombre-occidental tiene en la vida: comprar una casa (para poder tener una familia) y un coche (para poder desplazarse al trabajo e irse de vacaciones con la familia). 

Pero qué ocurre cuando las metas fijadas en la vida o bien no se cumplen o bien se cumplen de manera corrompida. Tomando palabras de San Agustín: "lo peor es la corrupción de lo bueno". Con esto, el santo pretendía hacer mostrar que varias cosas: lo superbueno es incorruptible, por ser "super"; lo malo, es malo de por sí; de tal modo que lo bueno corrompido es un mal doble pues, en siendo bueno, es malo. Mediante esta explicación puedo referirme a que las metas que nos fijamos en la vida en ocasiones no salen como teníamos previsto y, por tanto, están corrompidas. Ante tal punto, somos nosotros si damos por válidas el punto al que hemos llegado. 

En otras ocasiones, nuestro esfuerzo franquea la línea de meta sin percatarnos de que la hemos rebasado y de que hemos pasado de largo la felicidad ansiada. Para combatir este defecto, existe la reflexión. Lejos de la holgazanería, las vacaciones y los parones deben ser un tiempo para reubicarnos y saber qué es lo que realmente queríamos y dónde estamos, adónde hemos llegado. 

Rebasar una meta no es que sea algo negativo en sí mismo pues al ir más lejos de lo pretendido, ciertamente el éxito social estará reconocido. Sin embargo, ¿de qué sirve el aplauso del de fuera si la infelicidad corroe? ¿No sería mejor el dicho "ande yo caliente, ríase la gente"? Sí, hay que reubicarse, estando contento de los logros conseguidos y decirse: "soy un crack, pero esto no es lo que quería de mi vida". Este objetivo es difícil de alcanzar. Ahora bien, cuando se ve claro que hay que volver a la meta se tiene un doble miedo: el primero, rechazar el rango, estatus y los beneficios conseguidos por aquella meta rebasada; el segundo, el miedo a recular hacia la meta, hacia una vida más simple (sencilla) y encontrar que, quizás, tampoco era esa meta la que llevaba a la Felicidad.

De cualquier modo, no se puede olvidar que lo importante es, como dice Julio Iglesias en la canción que sigue, "disfrutar de los detalles pequeños (...) -para no- olvidarse de vivir"



miércoles, 16 de junio de 2010

Sueños y retos

A menudo las palabras nos engañan y, por este motivo, confundimos unas con otras. Con el tiempo, el significado de unos vocablos se entrelazan con el de otros y acaban designando algo que originariamente no designaban.

En las palabras «sueños» y «retos» sucede algo parecido. El diccionario RAE[1] define «sueño» en su sexta acepción: «Cosa que carece de realidad o fundamento, y, en especial, proyecto, deseo, esperanza sin probabilidad de realizarse». De modo parecido, en la segunda acepción define “sueño” como: «Acto de representarse en la fantasía de alguien, mientras duerme, sucesos o imágenes». En ambas definiciones hay que destacar dos expresiones capitales: “carece de realidad o fundamento (...) sin posibilidad de realizarse” y “fantasía”; por otra parte, del término «reto» el mismo diccionario dice: “Objetivo o empeño difícil de llevar a cabo, y que constituye por ello un estímulo y un desafío para quien lo afronta”.

Tales definiciones dan prueba de que ambos vocablos, pese a referirse a aspectos muy parecidos, son diferentes en su definición y es muy importante no confundirlos. No obstante, muchas personas incurren en tal error, no sólo en lo referente a la utilización de los mismos, ya sea en forma hablada o escrita, sino también en la manera de afrontar la vida.

Pongamos que tengo un sueño: «conducir un Ferrari». Se trata de un sueño porque debido a mi capacidad adquisitiva no puedo llegar a tal tope. Sé que algunos podrían afirmar: no es un sueño porque el Ferrari lo podrías alquilar o bien robarlo para conducirlo. Evidentemente, se podrían hacer triquiñuelas que me permitirían experimentarlo durante un tiempo, también me podría tocar la lotería, pero si dividimos la unidad (1) entre las opciones que hay (casi infinitas) de que ésta toque, el resultado tiende a cero (0), así como lo hace la opción de que «pueda conducir un Ferrari».

Sin embargo, los «retos»  son objetivos que, aunque sea difíciles de llevar a cabo, mediante la estimulación y el esfuerzo constantes, se pueden alcanzar. La manera de alcanzarlos no es directa, como podría ser el hecho de conducir un Ferrari porque lo has alquilado, lo has robado o te ha tocado la lotería, sino que el «reto» implica una progresión de la persona en sus habilidades, en sus destrezas. En tal sentido, supongamos que un reto que tengo es formar una familia. Dicha familia difícilmente se puede formar de la noche al día y en caso de que así sea, las expectativas de éxito son realmente reducidas. En primer lugar necesitaría una novia; posteriormente que tuviéramos trabajo con el que poder ahorrar para preparar un proyecto de vida en común; hacernos con un piso o una casa y tener descendencia.

En el reto, se ven, pues, unas fases a seguir en las que el orden es algo fundamental. Ello no implica que haya personas que hayan situado anteriormente alguno de los puntos. Además, siendo como somos cada uno de los seres humanos distintos, lo que podría suponer para uno un «sueño», para otro podría ser simplemente un «reto», más o menos difícil de alcanzar.

Así pues, sólo se puede afirmar que en nuestro cerebro tenemos que saber distinguir bien qué son los «sueños» y qué los «retos», y darnos cuenta en qué podemos dedicar nuestro tiempo, nuestra lucha y nuestra dedicación.

14 de junio de 2010



[1] Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española.