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sábado, 27 de noviembre de 2010

Los pobres del recibidor

Pobres y en más pobres nos estamos convirtiendo día tras día en nuestra nación. Las medidas del Gobierno siguen sin demostrar su eficacia, sin dar frutos, mientras aquéllos que alardeaban del guiño de la ceja, como el mismo José Manuel Serrat cuyo vídeo profético incluyo a continuación, ganan dinero a costa del impuesto revolucionario de la SGAE, un organismo represor.


lunes, 22 de marzo de 2010

El diablo se viste de Prada y el pobre, de Humana

Con motivo del crédito de síntesis que se lleva a cabo en el instituto en el que trabajo, pude ver la película El diablo se viste de Prada, una buena película para no hacer todo en lo que ella se proyecta. En la misma, las personas son títeres sin autonomía, muñecos sometidos a los gustos de supuestos expertos que dictan lo que está bien y lo que está mal, que viven superfluamente sin dar importancia al dinero ya que es algo de lo que están sobrados.

Este tipo de películas, como muchas “americanadas” dañan a nuestra sociedad hasta el punto de convertirla en frívola, hasta el punto de anteponer el trabajo a las relaciones personales y de pareja. Nuestros conciudadanos no dan la importancia que debieren a las personas que tienen a su alrededor, sino que las ven como objetos mediante los cuales podrán sacar jugo. En cuanto la persona esté bien exprimida o no se obtenga de ella todo lo que se espera, se acabará por prescindir de ella.

Es aberrante cómo personas pueden llegarse a gastar fortunas en ropa que quizás se pongan una vez en la vida cuando, en otras partes del mundo, hay quien no tiene con qué vestirse o simplemente tiene que hacerlo con prendas sin marca, compradas en tiendas de segunda mano como Humana, o bien disponer de la ropa mediante servicios como Cáritas, día tras día más necesarios en una sociedad como la nuestra en la que los ricos son cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres.

Por todo ello, comprando marcas archiconocidas no estamos haciendo ningún bien a la humanidad, sino que estamos alimentando a viciosos y a dictadores de la moda que lo único que hacen es lucrarse mediante nuestro costoso esfuerzo producto del verdadero trabajo que hace levantar a nuestro país.


22-03-2010

lunes, 8 de marzo de 2010

Heladas malvadas

Parecía un día tranquilo, lluvioso, sin más. Las nubes cubrían el cielo. En las calles no se veían manifestantes. Las mujeres no habían conmemorado su día internacionalmente establecido. Como siempre, todos andaban arriba y abajo, sin pensar, o bien pensando en la misma rutina de siempre y en lo rápido que pasan los días en una ciudad como la nuestra.

Al llegar al trabajo, la lluvia había cambiado su color y su forma. Era blanca, era gorda, no era lluvia sino nieve. Y esta nieve venía acompañada de un fuerte viento que se llevaba los paraguas de aquéllos que por aquellos parajes y horas estaban por la calle. Finalmente, habiendo entrado en el trabajo, el frío había cesado. La calefacción hacía olvidarlo todo. Pero fue al subir las persianas y ver aquella nieve cómo continuaba cayendo, como empezaba a cuajar en tierra que pensé en todos aquéllos que, mientras unos disfrutan arrojándose bolas de nieve, están por las calles malviviendo, tristes, solos, desamparados, quizás soñando con aquello que tenían, quizás soñando con aquello que les hubiera gustado tener o que les gustaría tener.

Me vino, pues, a la cabeza, cómo deberían estar hoy de llenos los hogares de acogida para todas aquellas personas y como, sin duda, algunos permanecerían en sus trece de no pedir ayuda y jugarse así lo más importante que tienen: sus vidas. Y es a estos últimos que hay que ayudar también, sobre todo haciéndoles ver lo importante que es que se dejen acoger, que se dejen servir. No son pocas las instituciones que, en nuestra ciudad o en otra, tienen esta labor social de manera desinteresada. Ahora bien, éstas no suelen ser de interés para las televisiones, más preocupadas en recaudar dinero para otros fines basados, básicamente en sus propios intereses, en pagar a gentes que explican sus vidas, que literalmente se prostituyen no ya para echarse un trozo de pan a la boca, sino para saciar sus instintos corrompidos producto del pecado que llena nuestra sociedad.

Nosotros, de manera generalizada, en lugar de colaborar con las primeras, lo hacemos con las segundas y nos convertimos en cómplices tanto de aquéllos que construyen su lujosa vida a costa nuestra como de aquéllos que cada vez lo pasan peor y agrandamos, de este modo, la injusticia que, como una gran bola de nieve crece sin detenerse a costa de los otros.

08-03-2010