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domingo, 8 de septiembre de 2013

No siempre lo que esperamos es lo que obtenemos

En no pocas ocasiones vamos decididos hasta nuestro objetivo y cuando lo saboreamos nos damos cuenta de que no tenía el mismo gusto que nosotros creíamos que tendría. ¿A quién no le ha pasado nunca ir a media noche a la nevera y coger una botella que uno creía que era de leche y encontrase con que era de zumo o, a unas malas, caldo de pescado? 

Muchas veces creemos que encontraremos la felicidad, mejor dicho, la FELICIDAD de nuestras vidas en convicciones que tenemos o que nos vamos haciendo a medida que crecemos. Sin embargo, más a menudo de lo que quisiéramos, nos percatamos de que alcanzar tal objetivo no es sinónimo de haber alcanzado la felicidad -en mayúsculas o no-, sino que ésta se aleja como si del horizonte se tratara. 

Ante esta realidad llega a nosotros la frustración de la que difícilmente nos podremos desprender. Precisamente esta madrugada me ha sucedido lo comentado en líneas superiores con el cartón de leche. Tenía ya el gusto de la leche en la lengua antes de que el zumo entrara en mi boca. Pero, mirando la parte positiva, peor fue ese día en el verano de hace unos años en el que engullí algo de caldo de pescado y que hace que incluso ahora mismo al recordarlo tenga arcadas. 

Todas estas vivencias, todas estas realidades que nos rodean las tenemos que tener presentes en nuestras vidas para que en el futuro no sólo no nos vuelvan a suceder, si suceden tengan el mínimo impacto en nosotros, pero también para considerar que seguramente lo que tenemos pensado como óptimo es posible que no lo sea y que cada uno de nosotros tenemos una misión, tal vez desconocida, que sí nos llevará a tal felicidad deseada. 

viernes, 4 de enero de 2013

¡¡¡Fatal año a todos los cabrones!!!

Saliendo de misa, sobre las 20:45 de la tarde del primer día de este año, subía Rambla arriba para volver a casa. En medio de ésta, un hombre con un sombrero de copa portaba en alto una pancarta que ilustraba ¡¡¡Fatal año a todos los cabrones!!! y su correspondiente traducción al catalán en la parte trasera de tan ilustrativa cartulina. Al principio lo de cabrones no lo había leído y pensé que como ese tipo se encontrara a según quién le podrían partir la cara. Pero releí el texto y entendí el significado. Sin embargo, milésimas de segundo después me hicieron reflexionar en desear el mal a otro. Entiendo que los cabrones son prójimos pero que no actúan como tales; entiendo que los cabrones a los que hace referencia este hombre burlesco son políticos, banqueros o empresarios que sólo piensan en el beneficio económico a toda costa, o bien alguien que le haya hecho algo. Si partimos de las dos primeras categorías y deseamos de corazón que pasen un fatal año, tal premisa tiene una consecuencia inmediata y es que estos cabrones como una de sus premisas vitales es tener dinero a toda costa una de sus opciones será mantener su estatus también a toda costa y, por ello, serán capaces de seguir torturando a las clases media y baja para poder seguir como están. 

En definitiva: ¿para qué desear el mal a alguien cuando lo que conviene es el bien propio y el de las personas que están como nosotros? En un país donde la corrupción lleva inscribiéndose durante muchos años en mayúsculas, donde según qué casos son juzgados con una celeridad espeluznante y otros son dejados en un cajón, en un país donde se permite el fraude fiscal a grandes empresas mientras se oprime al pequeño y mediano empresario, ¿qué podemos esperar más? 

domingo, 4 de septiembre de 2011

Sobre la película: "Dejad de quererme"

Después de haber pasado el día con un amigo en la sierra catalana de Montserrat, en uno de los temas de los que hemos hablado me ha recomendado la película titulada Dejad de quererme. Es una pena no poder revelar el final de la película puesto que tal hecho supondría la pérdida de interés sobre la misma. Así pues, os invito a verla.

Ahora bien, el tema apuntado hace reflexionar sobre el sentido de la vida y cuáles son las cosas verdaderamente importantes de la misma. Ciertamente, en nuestro mundo occidental, existen unos caminos que nos llevan a unas metas que, más pronto o más tarde, nos acabamos fijando. Como norma, más o menos general, uno estudia -hasta donde puede, hasta donde quiere, hasta donde le dejan- para, a posteriori, encontrar un trabajo que le permita -como no- ganar dinero para poder ejecutar algunas de las acciones que casi todo hombre-occidental tiene en la vida: comprar una casa (para poder tener una familia) y un coche (para poder desplazarse al trabajo e irse de vacaciones con la familia). 

Pero qué ocurre cuando las metas fijadas en la vida o bien no se cumplen o bien se cumplen de manera corrompida. Tomando palabras de San Agustín: "lo peor es la corrupción de lo bueno". Con esto, el santo pretendía hacer mostrar que varias cosas: lo superbueno es incorruptible, por ser "super"; lo malo, es malo de por sí; de tal modo que lo bueno corrompido es un mal doble pues, en siendo bueno, es malo. Mediante esta explicación puedo referirme a que las metas que nos fijamos en la vida en ocasiones no salen como teníamos previsto y, por tanto, están corrompidas. Ante tal punto, somos nosotros si damos por válidas el punto al que hemos llegado. 

En otras ocasiones, nuestro esfuerzo franquea la línea de meta sin percatarnos de que la hemos rebasado y de que hemos pasado de largo la felicidad ansiada. Para combatir este defecto, existe la reflexión. Lejos de la holgazanería, las vacaciones y los parones deben ser un tiempo para reubicarnos y saber qué es lo que realmente queríamos y dónde estamos, adónde hemos llegado. 

Rebasar una meta no es que sea algo negativo en sí mismo pues al ir más lejos de lo pretendido, ciertamente el éxito social estará reconocido. Sin embargo, ¿de qué sirve el aplauso del de fuera si la infelicidad corroe? ¿No sería mejor el dicho "ande yo caliente, ríase la gente"? Sí, hay que reubicarse, estando contento de los logros conseguidos y decirse: "soy un crack, pero esto no es lo que quería de mi vida". Este objetivo es difícil de alcanzar. Ahora bien, cuando se ve claro que hay que volver a la meta se tiene un doble miedo: el primero, rechazar el rango, estatus y los beneficios conseguidos por aquella meta rebasada; el segundo, el miedo a recular hacia la meta, hacia una vida más simple (sencilla) y encontrar que, quizás, tampoco era esa meta la que llevaba a la Felicidad.

De cualquier modo, no se puede olvidar que lo importante es, como dice Julio Iglesias en la canción que sigue, "disfrutar de los detalles pequeños (...) -para no- olvidarse de vivir"



domingo, 18 de julio de 2010

EJERCICIOS ESPIRITUALES DEL 16 AL 18 DE JULIO DE 2010 EN LUMEN DEI

EJERCICIOS ESPIRITUALES DEL 16 AL 18 DE JULIO DE 2010 EN LUMEN DEI

Los días 16, 17 y el 18 de julio han tenido lugar en el seno de la Congregación Religiosa LUMEN DEI, sito en Calle Xuclá 19 de Barcelona, los Ejercicios Espirituales Ignacianos. En éstos ha habido 10 conferencias cuyos temas son de interés no sólo para todo católico, sino también para todo cristiano y, en definitiva, para toda persona humana. A continuación, pretendo indicar el contenido de estas conferencias.

Conferencia 1ª, viernes 16 a las 21:45

SOBRE LOS EJERCICIOS ESPIRITUALES
«Lo primero que hay que hacer cuando se empiezan los Ejercicios Espirituales es saber de qué van. Éstos, pues, sirven para encontrarnos a nosotros mismos y alejarnos de nuestros defectos.
Pero, ¿qué son los defectos? Para corregirlos, hay que pedir a Dios que me muestres mis errores y cómo corregirlos; a continuación, poner los medios oportunos para hacerlo.

Los Ejercicios Espirituales

¿Para qué sirven? Para vencerse a uno mismo y reconducir la propia vida. Por ello, es necesario centrarse en las cosas importantes. Hay cosas que son malas no por ser malas en ellas mismas, sino a causa de estar desordenadas; hay otras que son malas en ellas mismas.

¿Cuál es el objetivo? Véase artículo 1721 del Catecismo: La Salvación del alma.
La moral
Sólo hay una moral, la de la naturaleza humana. Actuar de acuerdo con la naturaleza es lo moral. Ya que Dios me da una naturaleza, yo tengo que seguir la moral que ésta conlleva. Si uno va contra la propia naturaleza, se aleja de Dios, he aquí el pecado.

¿Cuál es la misión del hombre? Alabar, hacer reverencia y servir a Dios, todo ello para salvar su alma.

Viéndolo más detalladamente, vemos que “alabar” significa creer en Dios; “hacerle reverencia”, amarlo; “servirle”, obedecer.

Para hacer todo esto, tengo un tiempo determinado: mi vida. Después llega la muerte que puede ser con o sin Dios, es decir, el cielo o el infierno.

Todas las cosas creadas lo son para beneficio del ser humano. Ahora bien, como tales, tenemos que borrar de nuestras vidas todas aquellas cosas que no nos ayuden a estar más cerca de Dios.

Es menester que seamos “INDIFERENTES” ante todo lo que nos pasa hasta que Dios no se pronuncie y me indique qué tengo que hacer, es decir, escuchar a Dios y hacer Su Voluntad.
Lo que llena nuestra vida es la búsqueda de felicidad. Así pues, la primera cuestión es saber lo que me hará feliz: encontrar mi VOCACIÓN y VIVIRLA con fidelidad. Sin esto, uno nunca podrá ser feliz. Además, no hay que confundir entre el “placer” –que es puntual-, y la “felicidad”.

Tenemos que examinar nuestra vida en cuanto a “actividades”, “tiempo”, “sentimientos” y “apegos” y tener en cuenta el “TANTO-CUANTO”, es decir el coste de cada acción que llevo a cabo y si ésta me compensa o no.

LO MÁS IMPORTANTE ES CREER Y HACER LAS COSAS POR DIOS”. La Virgen María y los Santos pueden ayudarnos a encontrar el Camino de Cristo, que nos conducirá a Dios, pues ellos son ejemplos de fidelidad a ÉL.»