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jueves, 6 de enero de 2011

La última cima, de Juan Manuel Cotelo

¡Qué barato sale meterse con Dios, con la Iglesia y con los sacerdotes! Ahora bien, La última Cima es una película/documental que ayuda a romper con esquemas preconcebidos fruto del laicismo imperante que existe en nuestro país, a través de la figura y de la vida de Pablo Domínguez, un sacerdote que no sólo dio su vida por los otros ayudándolos en su vida, sino que transmitía con su persona el Dios encarnado en Jesucristo, con amor y con ganas de vivir. 

A continuación, os propongo visualizar la película. Sólo tenéis que apretar el "Play", poneros cómodos y reflexionar sobre nuestra sociedad y sobre la Iglesia.







06 de enero de 2011

domingo, 26 de diciembre de 2010

Tradiciones Navideñas

A continuación, copio un texto extraído de Catholic.net sobre las Tradiciones Navideñas. 

Tradiciones y Costumbres Navideñas
Lo más importante de las tradiciones y costumbres no es sólo el aspecto exterior, sino su significado interior
Autor: Tere Fernández | Fuente:

Origen de las tradiciones

Las tradiciones y costumbres son una manera de hacer presente, de recordar lo que ocurrió en el pasado. Son hechos y obras que se transmiten de una generación a otra de forma oral o escrita. La palabra tradición viene del latín “traditio” que viene del verbo “tradere” que significa entregar. Se podría decir que tradición es lo que nuestros antepasados nos han entregado.

En el caso de la Navidad, lo más importante de las tradiciones y costumbres no es sólo el aspecto exterior, sino su significado interior. Se debe conocer por qué y para qué se llevan a cabo las tradiciones y costumbres para así poder vivirlas intensamente. Este es un modo de evangelizar.

Existen muchas tradiciones y costumbres de la Navidad que nos ayudan a vivir el espíritu navideño, pero debemos recordar que este espíritu se encuentra en la meditación del misterio que se celebra.

A continuación, presentaremos algunas de éstas con una pequeña explicación acerca de su significado y origen:

El árbol de Navidad

Los antiguos germanos creían que el mundo y todos los astros estaban sostenidos pendiendo de las ramas de un árbol gigantesco llamado el “divino Idrasil” o el “dios Odín”. A este dios se le rendía culto cada año, durante el solsticio de invierno, cuando para ellos, se renovaba la vida. La celebración de ese día consistía en adornar un árbol de encino con antorchas que representaban a las estrellas, la luna y el sol. En torno a este árbol bailaban y cantaban adorando a su divinidad.

Cuentan que San Bonifacio, evangelizador de Alemania, derribó el árbol que representaba al dios Odín y en el mismo lugar plantó un pino, símbolo del amor perenne de Dios. Lo adornó con manzanas y velas, dándole un simbolismo cristiano. Las manzanas representaban las tentaciones, el pecado original y los pecados de los hombres; las velas representaban a Cristo, la luz del mundo y la gracia que reciben los hombres que aceptan a Jesús como Salvador.

Esta costumbre se difundió por toda Europa en la Edad Media. Por medio de la Conquista española y las migraciones, esta tradición llegó a América. Poco a poco, la tradición fue evolucionando: se cambiaron las manzanas por esferas y las velas, por focos que representan la alegría y la luz que Jesucristo trajo al mundo.

Las esferas, actualmente, simbolizan las oraciones que hacemos durante el periodo de Adviento. Los colores de las esferas también tienen un significado simbólico:
azules; oraciones de arrepentimiento
plateadas; de agradecimiento
doradas; de alabanza
rojas; de petición

Se acostumbra poner una estrella en la punta del pino que representa la fe que debe guiar nuestras vidas.

También, se suelen poner adornos de diversas figuras en el árbol de Navidad. Éstos representan las buenas acciones y sacrificios, los “regalos” que le daremos a Jesús en la Navidad.

Para aprovechar la tradición: Se sugiere adornar el árbol de Navidad a lo largo de todo el Adviento, explicando a los niños su profundo simbolismo crisitiano. Los niños elaborarán sus propias esferas (24 a 28, dependiendo de los días que tenga el Adviento) con una oración o un propósito en cada una. Conforme pasen los días, las irán colgando en el árbol de Navidad, hasta el día del Nacimiento de Jesús.

Las tarjetas de Navidad


La costumbre de enviar mensajes navideños se originó en las escuelas inglesas, donde se pedía a los estudiantes que escribieran algo que tuviera que ver con la temporada navideña, antes de salir de vacaciones de invierno. Las tarjetas se enviaban por correo a su casa y así sus padres recibían un mensaje de Navidad.
En 1843, W.E. Dobson y Sir Henry Cole hicieron las primeras tarjetas de Navidad impresas, con la única intención de poner al alcance del pueblo inglés las obras de arte que representaban al Nacimiento de Jesús.
En 1860, Thomas Nast, creador de la imagen de Santa Claus, organizó la primera venta masiva de tarjetas de Navidad en las que aparecía impresa la frase “Feliz Navidad”.
Es una costumbre muy bonita, pues a través de las tarjetas se puede comunicar a todos nuestros seres queridos la alegría que sentimos por el Nacimiento de Cristo.

Los villancicos

Se dice que el compositor de los primeros villancicos fue el Marqués de Santillana, que compuso una serie de canciones para celebrar, con sus tres hijos, el misterio de la Navidad.

Sin embargo, los primeros villancicos que se conocen fueron compuestos por los evangelizadores en el siglo V, con la finalidad de llevar la Buena Nueva a los aldeanos y campesinos que no sabían leer.
Sus letras hablaban sobre el Misterio de la Encarnación en lenguaje popular y estaban inspirados en la liturgia de la Navidad.

Como se llamaba “villanus” al aldeano, con el tiempo, el nombre cambió a “villancicos”. Éstos hablan en un tono sensible e ingenioso de los sentimientos de la Virgen María y de los pastores ante el Nacimiento de Cristo.
En el siglo XIII, se extienden por todo el mundo junto con los nacimientos de San Francisco de Asís.

Los villancicos favorecen la participación en la liturgia de Adviento y de Navidad. Cantar villancicos es un modo de demostrar nuestra alegría y gratitud a Jesús y escucharlos durante el Adviento ayuda a la preparación del corazón para el acontecimiento de la Navidad.

San Nicolás

.La imagen de Santa Claus, el viejecito regordete y sonriente que trae regalos a los niños buenos el día de Navidad, tuvo su origen en la historia de San Nicolás.

Nicolás nació en una antigua provincia de Asia Menor, en el siglo IV. La capital, Mira, estaba cerca del mar (hoy, corresponde al sudoeste de Turquía) y era una sede episcopal. Nicolás fue escogido obispo de esta sede y ahí se hizo famoso por su extraordinaria piedad. Estuvo encarcelado por defender su fe durante la persecución de Diocleciano. Sus reliquias se encuentran en el pueblo de Bari, Italia.

Existen varias leyendas que hablan acerca de la vida de este santo:
Se dice que fue heredero de una gran fortuna, misma que dedicó a ayudar a los pobres que conocía. Nicolás era feliz ayudando a los demás, especialmente a los pobres y a los esclavos. Era bueno, generoso y tenía un gran sentido del humor.
En cierta ocasión, el jefe de la guardia romana de aquella época, llamado Marco, quería vender como esclavo a un niño muy pequeño llamado Adrián y Nicolás se lo impidió.

En otra ocasión, Marco quería apoderarse de unas jovencitas si su padre no le pagaba una deuda. Nicolás se enteró del problema y decidió ayudarlas. Tomó tres sacos llenos de oro y en la Noche de Navidad, en plena obscuridad, llegó hasta la casa y arrojó los sacos por la chimenea, salvando así a las muchachas.

Marco quería acabar con la fe cristiana, mandó quemar todas las iglesias y a encarcelar a todos los cristianos que no quisieran renegar de su fe. Así fue como Nicolás fue capturado y encarcelado.
Cuando el emperador Constantino se convirtió a la fe católica, liberó a todos los cristianos y Nicolás era ya viejo. Cuando salió de la cárcel, tenía la barba crecida y blanca y llevaba sus ropajes rojos, que lo distinguían como obispo. Con todo, los largos años de cárcel no lograron quitarle su bondad y su buen humor.

Los cristianos de Alemania tomaron la historia de los tres sacos de oro echados por la chimenea el día de Navidad y la imagen de Nicolás al salir de la cárcel, para entretejer la historia de Santa Claus, viejecito sonriente y gordinflón, vestido de rojo, que entra por la chimenea el día de Navidad para dejar regalos a los niños buenos.

El Nombre de Santa Claus viene de la evolución paulatina del nombre de San Nicolás: St. Nicklauss, St. Nick, St. Klauss, Santa Claus, Santa Clós.

Para dar un sentido cristiano a la tradición: El ejemplo de San Nicolás nos enseña a ser generosos, a dar a los que no tienen y a hacerlo con discreción, con un profundo amor al prójimo. Nos enseña a estar pendiente de las necesidades de los demás, a salir de nuestro egoísmo, a ser generosos no sólo con nuestras cosas sino también, con nuestra persona y nuestro tiempo.

La Navidad es un tiempo propicio para imitar a San Nicolás en sus virtudes. Cada año, parece como si el espíritu de Nicolás efectivamente viniera a la tierra y se introdujera a todas las casas de manera misteriosa (tal vez por la chimenea), influyendo en todas las personas, que en esta época se muestran más dispuestos que nunca a dar regalos, desprenderse de lo propio y ayudar a los demás. Seguramente, San Nicolás ha de sonreír desde el Cielo, al ver cómo la gente se vuelve generosa y desinteresada, ocultando su identidad detrás de la imagen exagerada y graciosa de él mismo.

Los nacimientos


El Papa San Sixto III, en el siglo V, ya celebraba la Navidad con algunas representaciones del nacimiento de Cristo que se realizaban en una gruta semejante a la de Belén que él mismo había mandado construir en una Iglesia.
Sin embargo, se considera a San Francisco de Asís el fundador de los Nacimientos quien, en 1223, quiso celebrar una “Noche Buena” en la que se reviviera el recuerdo de Jesús nacido en Belén.

Para que todos pudieran comprender mejor las condiciones en que sucedió, puso un Nacimiento en el bosque con personas y animales vivos. Esta actividad gustó mucho a las personas que asistieron y se popularizó. Con el paso del tiempo, la falta de espacio obligó a sustituir a las personas y animales con figuras de madera o de barro. Esta tradición fue acogida con gran cariño por todo el mundo cristiano desde el siglo XVI.


Para dar un sentido cristiano a la tradición: Poner un Nacimiento en casa, en el que podemos contemplar la imagen de Belén, el pesebre, lo pastores, los magos, José y María, puede ser además de una actividad que fomenta la unión familiar, una imagen que nos ayude a meditar en el misterio de la Navidad y en las virtudes de cada uno de los personajes. A través de los sentidos, se eleva nuestro espíritu ante este gran acontecimiento. El Nacimiento nos invita a reflexionar en el gran misterio de Dios hecho hombre por amor al hombre.

La flor de Nochebuena

Esta flor es originaria de México. Su nombre náhuatl es “tlazochitl” que significa “flor que se marchita”. Para los aztecas simbolizaba la sangre de los sacrificios que los indígenas ofrendaban al sol para renovar sus fuerzas. Los españoles la bautizaron como flor de Nochebuena porque florece en diciembre y la utilizaron como símbolo de las fiestas navideñas.

Las posadas

Las posadas son fiestas que tienen como fin, preparar la Navidad. Comienzan el día 16 y terminan el día 24 de Diciembre.

Su origen se remonta a los tiempos de la conquista:
Cuando los españoles llegaron a México, los aztecas creían que durante el solsticio de invierno, el dios Quetzalcóatl (el sol viejo) bajaba a visitarlos. Cuarenta días antes de la fiesta, compraban los mercaderes a un esclavo fornido y lo vestían con los atavíos del mismo dios Quetzalcóatl. Antes de vestirlo, lo purificaban. En la noche, lo enjaulaban y lo alimentaban muy bien. Salían con él por la ciudad y él iba cantando y bailando para ser conocido por su semejanza a Dios. Las mujeres y los niños le ofrecían ofrendas. Nueve días antes de la fiesta, venían ante él dos viejos muy venerables del templo y se humillaban ante él en una ceremonia en la que le decían: “Señor, sabrás que de aquí en nueve días se te acabará este trabajo de bailar y cantar porque entonces has de morir". El esclavo debía responder: “que fuese muy en buena hora”.

Llegado el día de la fiesta, a media noche, después de honrarlo con música e incienso, lo tomaban los sacrificadores y le sacaban el corazón para ofrecérselo a la luna. En los templos hacían ese día grandes ceremonias. En dichas ceremonias, dirigidas por los sacerdotes, se incluían ritos y bailes sagrados representando la llegada de Quetzalcóatl, así como ofrendas y sacrificios humanos en honor a él.

Durante el mes de diciembre, no sólo festejaban a Quetzalcóatl, sino que también celebraban las fiestas en honor a Huitzilopochtli. Estas duraban veinte días, iniciaban el 6 de diciembre y terminaban el 26 del mismo mes. Eran fiestas solemnes estaban precedidas por 4 días de ayuno y se coronaba al dios Huitzilopochtli, poniendo banderas en los árboles frutales. Esto es a lo que llamaban el “levantamiento de banderas”.

En el gran templo, ponían el estandarte del dios y le rendían culto. El pueblo se congregaba en los patios de los templos, iluminados por enormes fogatas para esperar la llegada del solsticio de invierno. El 24 de diciembre, por la noche y al día siguiente, 25 de diciembre, había fiestas en todas las casas. Se ofrecía a los invitados una rica comida y unas estatuas pequeñas de pasta llamada “tzoatl”.

Los misioneros españoles, que llegaron a México a finales del siglo XVI, aprovecharon estas costumbres religiosas para introducir entre los indígenas el espíritu evangélico. Así, transformaron las fiestas aztecas en fiestas cristianas, para que sirvieran como preparación para recibir a Jesús en su corazón el día de Navidad.

En 1587, el superior del convento de San Agustín de Acolman, Fray Diego de Soria, obtuvo del Papa Sixto V, un permiso que autorizaba en la nueva España la celebración de las "Misas de Aguinaldos", del 16 al 24 de diciembre. En estas Misas, se intercalaban pasajes y escenas de la Navidad. Para hacerlas más atractivas y amenas, se les agregaron luces de bengala, cohetes y villancicos. Posteriormente, la piñata.

En San Agustín de Acolman, con los misioneros agustinos, fue donde tuvieron origen las posadas. Los misioneros convocaban al pueblo al atrio de las iglesias y conventos y ahí rezaban una novena. Se iniciaba con el rezo del Santo Rosario, acompañado de cantos y representaciones basadas en el Evangelio, como recordatorio de la espera del Niño y del peregrinar de José y María de Nazaret a Belén para empadronarse. Las posadas se llevaban a cabo los nueve días previos a la Navidad, que puede simbolizar los nueve meses de espera de María. Al terminar, los monjes repartían a los asistentes fruta y dulces que simbolizaban las gracias que recibían aquellos que aceptaban la doctrina de Jesús.

Esta costumbre, con el tiempo se comenzó a realizar en barrios y luego, pasaron a formar parte de la vida familiar. Según la tradición, una Posada comienza con el rezo del Rosario y el canto de las letanías. Durante el canto, los asistentes forman dos filas que terminan con 2 ó 4 niños que llevan a la Santísima Virgen y a San José, llamados "peregrinos", que van a Belén. Al terminar las letanías, se dividen en dos grupos: uno entra a la casa y otro pide posada, imitando a San José y la Santísima Virgen cuando llegaron a Belén. Los peregrinos reciben acogida por parte del grupo que se encuentra en el interior. Luego de esto, siguen los alegres villancicos y termina la fiesta rompiendo piñatas y distribuyendo los "aguinaldos".

Versos para pedir posada:

Significado de la tradición:

Preparar con alegría y oración nuestro corazón para la venida de Jesucristo. Recordar y vivir los momentos que pasaron José y María antes del nacimiento de Jesús.

Las piñatas y los aguinaldos


Las piñatas tienen su origen en China, donde en primavera, al inicio del año chino, se llevaba a cabo una ceremonia en la cual los chinos elaboraban con papel la figura de un buey, la cubrían con papeles de colores y le colgaban algunos adornos con motivos agrícolas.

Los colores de la figura simbolizaban las condiciones en que se desarrollaría el año con respecto a la agricultura. Se rellenaban con cinco clases de semillas que caían cuando los mandarines le pegaban a la piñata con varas de diferentes colores. Cuando ya estaba vacía, se quemaba y la gente trataba de obtener parte de las cenizas considerando que daba buena suerte para todo el año.

Al pasar esta costumbre a Europa, en Italia la utilizaron para las fiestas de Cuaresma, dándole un sentido religioso:

La piñata está hecha con una olla de barro cubierta con papel de colores brillantes y representa al demonio, que suele presentar al mal como algo llamativo para que cautive al hombre y caiga en la tentación.

La piñata clásica tiene siete picos que representan a los siete pecados capitales: soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza.

El hombre que le pega a la piñata representa la fe que debe ser ciega, por eso lleva una venda en los ojos. Con la ayuda de Dios, se destruye al mal y así se descubren los frutos que hay dentro de la piñata y se dejan caer las gracias de Dios.

El palo con que se le pega a la piñata representa a la fuerza de la virtud que rompe con los falsos y engañosos deleites del mundo. Las virtudes que hay que cultivar para vencer los pecados capitales son: contra la soberbia, la humildad; contra la avaricia, la magnanimidad; contra la ira, la paciencia; contra la envidia, la generosidad; contra la lujuria, la castidad; contra la gula, la templanza; contra la pereza, la diligencia.

El relleno de la piñata es símbolo del amor de Dios porque al romper con el mal, se obtienen los bienes anhelados; es símbolo de esperanza porque todos ven hacia arriba, con los ojos puestos en el cielo que es de donde vendrá el premio celestial

De Italia, la costumbre de romper piñatas en Cuaresma llegó a España y los españoles organizaron una fiesta el primer domingo de cuaresma. a la que llamaron “Baile de la piñata”. Romper la piñata al inicio de la Cuaresma, simbolizaba el deseo de acabar con el mal en la propia vida, la conversión del corazón para volver a Dios y recibir los bienes eternos.

A principios del siglo XVI, esta tradición era desconocida en América. Sin embargo, en México, los indios mayas, que gustaban mucho del deporte, tenían un juego en el que trataban de romper con los ojos vendados una olla de barro llena de chocolate que se balanceaba detenida de una cuerda. A los frailes evangelizadores se les ocurrió que serviría de catequesis el dar un sentido religioso al juego de la olla, enseñándoles el significado religioso de las piñatas y promoviendo que se rompieran durante el tiempo de adviento como un complemento a las fiestas de las posadas y con el mismo sentido de conversión que le daban los europeos.

Los aguinaldos son bolsitas o canastas con dulces y galletas que se entregan a las personas que, por su edad o por su salud, no pueden acercarse a recoger los dulces y las frutas de las piñatas. La idea de que nadie se quede sin recibir los beneficios de la piñata y sin participar de la alegría de la fiesta.

Las pastorelas

En el siglo XVI, en Italia, Torcuato Taso dio a conocer el género teatral “fábula pastoril” que era una pastorela o villancico escenificado. La palabra pastorela viene del italiano “pastorella”, que en español significa pastorcilla.

En México, los mayas y los aztecas, hacían representaciones dramáticas de diferente tipos: cacerías, hombres disfrazados de animales, curaciones importantes, etc. Estas representaciones tenían un carácter religioso y se llevaban a cabo frente a los templos de sus dioses. Los misioneros aprovecharon las inquietudes teatrales y religiosas del pueblo para evangelizarlos, suplantando poco a poco sus ritos paganos por las pastorelas.

El inicio formal de las pastorelas, según algunos historiadores, fue en 1527 en Cuernavaca con “La comedia de los reyes”. En 1530, se escenificó “La Natividad Gozosa de nuestro Salvador”. Poco a poco, se comenzó a escenificar el peregrinar de José y de la virgen María y se fueron incorporando las aventuras de los pastores y las tentaciones que lograron vencer para llegar a Jesús. En las pastorelas se ve claramente la lucha entre el bien y el mal.

Las pastorelas son una bellísima, tierna e ingenua representación escénica, de marco festivo y alegre, que refiere acontecimientos previos a la venida de Jesús y termina con el esplendor inocente del pesebre y la adoración de los pastores. En ésta se mezclan personajes divinos y humanos donde el destino eterno de los hombres ocupa el papel central de la trama. Los personajes centrales son Dios, la Virgen y los pastores que acuden a adorar al niño Jesús en la gruta de Belén. Las pastorelas son jocosas y alegres, presentan al diablo ridiculizándolo y terminan siempre con su derrota, con el triunfo del bien sobre el mal. Se trata de despertar en los oyentes los más nobles sentimientos de amor, dando una moraleja y un mensaje de tipo religioso donde se exalta la fe cristiana.
Presentación de una Pastorela en cuatro cuadros

miércoles, 14 de abril de 2010

Los asombrosos frutos de una sencilla devoción (La devoción de las Tres Avemarías)

Lectura del 1 al 4 de abril de 2010


Título del libro Los asombrosos frutos de una sencilla devoción (La devoción de las Tres Avemarías)
Autores Secretario de la Cruzada de las Tres Avemarías (Larrauri, L. -Misionero Redentorista; Pérez, S. -Marista-)
Editorial Apostolado Mariano Lengua Es
Lugar de compra Librería Testimonio (Lumen Dei)
Páginas 94 Precio 1'35 euros




Resumen y opinión

Los asombrosos frutos de una devoción Mariana tiene la intención de presentar diversos casos relativos a personas que confiaron a María, madre de Jesús, madre de Dios, como a intercesora delante de su hijo, Jesús.

María nos es presentada como a la escogida y como aquélla que no tiene igual ya que por encima de ella sólo hay Dios; por debajo, el resto de seres. Aunque los hermanos protestantes no confíen en María, ésta, que fue la escogida por Dios Padre para llevar a su hijo Jesús al mundo, aceptó la situación que Dios le propuso sin cuestionarlo, sino acogiendo la palabra de Dios y haciéndola carne, por ello la llaman bienaventurada.

El libro nos insta a rezar, al menos en dos ocasiones al día, las tres Avemarías de la manera siguiente:

“¡María, Madre mía; líbrame de caer en pecado mortal!”

1ªPor el poder que te concedió el Padre Eterno:
¡Ave María! María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. AMÉN.
2ªPor la sabiduría que te concedió el Hijo:
¡Ave María! María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. AMÉN.
3ªPor el Amor que te concedió el Espíritu Santo.
¡Ave María! María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. AMÉN.
¡Gloria al Padre, al Hijo, al Espíritu Santo!, como era en el principio, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. AMÉN.

Esta oración se puede rezar con una estampa de la Virgen delante, que nos puede ayudar. Del mismo modo, tenemos que tener presentes que con esta oración estaremos orando por millones de personas que, a su vez, estarán orando por nosotros.

Opinión personal:

Como muchas, algunos pueden considerar esta práctica como fruto de una superstición. Ahora bien, el libro da testimonio de varias personas que han visto como esta práctica diaria ha mejorado no sólo sus vidas sino, en algunos casos, el fin de las mismas. Personas que se habían apartado de la Iglesia, de Cristo, de Dios, llegaban al lecho de la muerte recordando las tres Avemarías que les acercaba a la sangre redentora y limpiadora de Cristo.

Yo, que me convertí a la fe gracias a una radio Evangélica -Radio Amistad-, tenía algunas dudas sobre la importancia de María. A veces, aún las tengo. Ahora bien, un día, después de ir a un partido de fútbol que finalmente no jugamos porque la mitad de la plantilla no había venido, tomamos el coche y pasamos todos por una zona que todavía estaba inmobilizada ya que por la mañana habían hecho mercado. El guardia quería a multar a los cinco coches que íbamos. Instintivamente, empecé a rezar el “Avemaría”, rogándole a María que no nos multara. Uno de los guardias me ordenó callar y me preguntó si me estaba riendo de él. Le dije que no, me aparté y seguí rezando. Finalmente, nos dejaron marchar sin multarnos

Quizá, para muchos, esta anécdota que tuvo lugar en el año 2005 puede ser únicamente una casualidad -como suelen llamarse experiencias de este tipo-. Ahora bien, yo no lo creo así. Era más probable que el guardia nos multara que no que nos dejara pasar indemnes. Con todo, no se puede tampoco plantear que nuestras oraciones -ya sea a María o a Dios-, tienen que ser para instrumentalizarlos para obtener aquello que queremos.

Para terminar, creo que la oración a María no puede ir sola, sino acompañada por la oración que Jesús enseñó a sus discípulos antes de morir:

Padre Nuestro que estás en el cielo.
Santificado sea tu nombre.
Venga a nosotros tu reino.
Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo.
El pan de cada día, dánoslo hoy.
Perdona nuestras ofensas, así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden.
Y no nos dejes caer en tentación,
sino líbranos del mal. AMÉN.

Y más aún me atrevo a decir:

Padre Nuestro que estás en el cielo.
Santificado sea tu nombre.
Venga a nosotros tu reino.
Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo.
El pan de cada día, dánoslo hoy.
Perdona mis ofensas, así como yo perdono o intento perdonar a los que nos ofenden.
Y no me dejes caer en tentación,
sino líbrame de todo mal. AMÉN.

La oración tiene que empezar por uno mismo y ésta, conjuntamente con la del resto de la comunidad, se fortalece siempre y cuando se lleve a cabo con una fe verdadera, sin dudas. 
04-04-2010


sábado, 10 de abril de 2010

Crisis, jóvenes e Iglesia (3): Pastoral Juvenil


Con motivo de la segunda jornada del Curso de Actualidad pastoral ha habido dos ponencias a caro de Álvaro Chordi Miran, con los temas siguientes: 


Los textos que se reproducen a continuación han sido transcritos por mí a partir de las notas tomadas en dicha ponencia mediante técnicas de Interpretación.





La crisis que estamos viviendo se originó hace varios años y se puede afirmar que es una crisis parecida a la que se vivió en los años 30 del siglo XX y en la que las personas de a pie, principalmente las pertenecientes a las clases más desfavorecidas, tienen que pagar los platos rotos de los brókers.

Por otra parte, la crisis actual no es sólo económica, sino también ética, de valores y social que, evidentemente, también afecta la vida de los jóvenes, sobre todo debido a los problemas económicos que viven sus familiares, lo que origina un efecto de desánimo debido a un mayor endeudamiento debido a los créditos.

En otra dirección, la Iglesia también tiene problemas debido a la pluralidad que se encuentra en su seno, parte de ella debido a la inmigración, que ha producido una cambio en la visión de la religiosidad. Ahora bien, esta crisis es una magnífica oportunidad para la Iglesia, para que ésta haga descubrir en la persona lo que es accesorio y se dé lugar a un cambio de paradigma que conduzca a la persona al amor de la fe.

En los tiempos que corren de individualismo y en los que no se tiene en cuenta en demasía al otro, hay que recrear la fe. Sin embargo, surge la pregunta de cómo hacerlo. En primer lugar, desde dentro de la Iglesia, los cristianos tenemos que cambiar el chip ya que ni la metodología usada hace unos años es válida en nuestros días, ni la que usemos estos días valdrá para el futuro. En este ámbito, por desgracia, la Pastoral Juvenil se encuentra en hibernación en unos tiempos actuales recios y duros en los que la mayor parte de la comunidad cristiana ha tirado la toalla, se carecen de herramientas para reencauzar la situación y se acaba dejando todo a manos de Dios.

Por todo ello, se aprecia que diferentes ámbitos trabajan de manera diferente entre ellos, cosa que supone una lacra para el trabajo en red. La mayor parte de los curas se desentienden por tanto de la Pastoral Juvenil y concentran todos sus esfuerzos en la liturgia ya que la primera es insegura y no genera resultados a corto plazo, cosa pone en evidencia su dificultad lo que se traduce en que en nuestras parroquias hay cada vez menos jóvenes y más gente mayor.

Sin embargo, han surgido nuevos movimientos que se han adaptado mejor y que se manifiestan más en eventos esporádicos que en la vida diaria, lo que supone también un problema puesto que muchos se focalizan en movimientos como la Jornada Mundial de la Juventud y dejan de lado proyectos de futuro, cosa que hace hipotecar tiempos largos por tiempos cortos. Ahora bien, pese a todo ello, como cristianos no podemos caer en la desesperación ni en el desconcierto, sino que tenemos que tener esperanza ya que Dios quiere al mundo actual y a los jóvenes de hoy.

Como cristianos, estamos obligados a observar que lo mejor para todos implica lo mejor para mí y los tiempos de crisis que corren son una oportunidad para el retorno a la fe, para acercarnos a Dios, quien nos habla a través de cada joven. Por tanto, aunque observemos que nuestra sociedad se encuentra inmersa en un cambio de paradigma, es fundamental tender puentes de “co-misión” en los que se renuncie a las parcelas ya que sino estamos condenados, por lo que es básico colaborar en red. Por ejemplo, en Vitoria se aúnan iniciativas y se han creado alianzas de unos con otros ya que, primando lo eclesial, los jóvenes encuentran experiencias fundantes, cosa que únicamente pueden hacer los colectivos.

En este último sentido, hay que subrayar que Dios es y desea la comunión de todos, por lo que todos y cada uno de nosotros somos necesarios. El problema surge cuando hay sectores de la Iglesia que excluyen a gente. Trabajar en red necesita mantener la propia identidad al mismo tiempo que se adquiere una mirada amplia y donde se desarrollan los dones que nos conducirán a la revitalización de la Iglesia, principalmente a través de la Eucaristía que, para que tenga lugar, necesita una comunión y que crezcamos en la misión. Por este motivo se necesitan respuestas en el seno de la Iglesia a través de un pluralismo que enriquezca la comunión, lo que se pone de manifiesto en una diversidad en comunión que haga descubrir al otro y a mí como parte de mi vida y, a la vez , el hecho de que ambos somos cuerpo de Cristo, cosa que tenemos que experimentar.

Las comunidades eclesiales, las parroquias tienen que tomar partido por los jóvenes. Sin embargo, ante tal premisa surge la pregunta de cómo hacerlo. En primer lugar hay que superar la fragmentación pastoral y llevar a cabo una pastoral activa y orgánica en la que se superen las aduanas del miedo y el concepto de que “unas comunidades roban jóvenes a las otras”, ya que si esperamos para actuar acabaremos perdiendo a la juventud. Además, el problema que tiene la Iglesia es estar preocupada más por las vocaciones que por los jóvenes y sin éstos jóvenes, no hay movimiento.

Por todo lo que acabamos de ver, se necesita un liderazgo ministerial, proponer líneas de acción y detectar los dones de las personas y alimentarlos para ponerlos en funcionamiento en beneficio del bien común.

Pero, ¿qué supone trabajar en red? Para hacerlo, es capital que la red sea interactiva, que se creen flujos y que la adscripción sea voluntaria. Las personas tienen que mostrar interés por la red que, al mismo tiempo, necesita de reglas de juego que se tienen que construir a partir de sus participantes mediante el consenso y ser revisadas para mejorar. La red necesita crear sentido de pertenencia y en ella no existen los grados.

En el proceso de adhesión a una red, existen diferentes grados:
a)Reconocimiento, aceptación de la red; b)conocer lo del otro (quién es, qué hace...); c)colaborar puntualmente, de manera no vinculante; d)cooperar, viendo y mostrando que el otro no me es indiferente; e)asociarse para crear la red mediante núcleos que darán lugar a la generación de focos en los que se creen microclimas de encuentro para jóvenes, quienes necesitan recursos humanos y materiales.

Finalmente, hay que hacer referencia a la Jornada Mundial de la Juventud. Ésta estimula y contagia la fe en lo que es un momento de pausa, ocasional, en el que se produce un encuentro con Jesús, cosa que supone una experiencia de fe y de comunión eclesial.

En resumen, podemos afirmar que “llegaremos hasta el punto en el que tengamos fijada la mirada”. Necesitamos tener a Dios dentro, lo que comportará tener como misión la comunión que, sin duda alguna, se logrará ampliando nuestra mirada”.



Hablar de propuestas para la Pastoral Juvenil de nuestros días implica hacer referencia a seis puntos básicos:

En primer lugar, es fundamental observar que los jóvenes no son clientela ni mano de obra, sino que necesitamos mantener un diálogo con ellos en clave de igualdad. Es importante hacer cosas para los jóvenes, pero contando con los jóvenes ya que la clave es que sean los verdaderos protagonistas y quienes van allí donde se sienten acogidos.

En segundo lugar, hay que pasar a la otra orilla, a la orilla de los jóvenes no creyentes, y aprender a movernos en escenarios en los que empaticemos con el prójimo y arriesguemos, donde vivamos una fe más viva y dinámica. Si nos arriesgamos, nos enriqueceremos juntos. Pero, ¿cómo podemos ganar jóvenes para Cristo? Es principal que estemos donde están ellos, a su servicio –principalmente de los más desfavorecidos-, en una actitud de diálogo, siendo testimonio y anunciando a Jesús para que Éste entre en la vida del joven. Pero ello exige que modifiquemos dos cosas: nuestro lenguaje –anquilosado-, y los símbolos que usamos –incomprensibles para ellos-.

Por otra parte, es capital personalizar la experiencia de fe, usar el concepto de red en que el joven alimente su propia experiencia, más aún en una sociedad líquida –o gaseosa-, en la que hay que luchar para perder el miedo al error.

En tercer lugar, hay que recrear la comunidad. Una característica de los jóvenes es su multifragmentación. Los cristianos necesitamos una comunidad más autónoma que se ofrezca al mundo como espacio de salvación para mí y para el joven. Éste último tiene que buscar y hay que darle una respuesta. Dentro de la comunidad, tenemos que ser solidarios, lo que podemos llevar a cabo mediante la vida, la celebración y el acompañamiento, siendo un referente para ellos y siendo corresponsables de la construcción del Reino.

Es básico tener una comunidad que sea a la vez sujeto, objeto y meta y en la que se viva un proceso de evangelización del joven. Por tanto, nuestras comunidades tienen que ser significativas, una anticipación del Reino de Dios que tiene algo que decir. Además, estas comunidades no tienen que vivir sólo en el interior de las iglesias, ya que si se da el caso, el grupo muere. Las comunidades, por tanto, tienen que ser intergeneracionales, ya que los jóvenes precisan tener una referencia adulta en la que la vocación pasa por los pobres.

En cuarto lugar, es fundamental contar a Jesús. Uno de los peligros que tienen nuestras comunidades es vivir para Cristo sin relacionarnos con Cristo. Necesitamos dos modelos: uno, el sentido; dos, la relación. Nuestra apuesta es la de pasar del proyecto a la acción personal, teniendo en cuenta que el contenido de la Pastoral Juvenil es Jesús, su centro.

En quinto lugar, hay que alentar la pastoral de la fe. Es necesario que los jóvenes descubran su misión, cuál es su vocación. Los jóvenes no se encuentran alejados de la espiritualidad, pero, por desgracia, la Iglesia no es capaz de situarse en el mundo como lugar de acceso a esta espiritualidad y a Dios. En la mayoría de los casos, para los jóvenes la Iglesia es irrelevante. Por ello, hay que hacer vivir experiencias significativas que ayuden a mejorar la vida, cosa que se logra con un buen acompañamiento personal.

En sexto, y último lugar, es básico amar la trama más que el desenlace. Como vimos al principio, los jóvenes no son propiedad de nadie, por lo que la Iglesia tiene que aproximarse al joven por amor y no por interés, necesita empatizar con el joven para que éste dé frutos, pero “sin que él sepa cómo (Mc 4, 26-29)”.

A modo de conclusión, la Pastoral Juvenil no se puede vivir si no se trabaja en equipo, en Red, y es preciso depositar en el joven confianza para que éste crezca “sin que él sepa cómo”.”

08-04-2010

domingo, 14 de marzo de 2010

José de Nazaret (Martelet, Bernard)

Nom del llibre José de Nazaret Autor Martelet, Bernard

Editorial Palabra S.A. Llengua ES Data p. 1981

Lloc de compra Església Montalegre (Opus Dei) Pàgines 208 Preu 1,00 €

Resum i opinió
Lectura del 21-02-10 / 28-02-10

Josep de Natzaret se’ns mostra com a un veritable acollidor sense mesures, tant de Maria com de Jesús. Se’ns invita a seguir tal acolliment i a venerar-lo com cal per tal com formà part de la Sagrada Família, d’una manera desinteressada i ple de confiança en Déu, deixant-se guiar per l’Esperit Sant. D’altra banda, es fa referència a aspectes que ens parlen els evangelis apòcrifs i que tampoc no es poden tenir gaire en compte com a autèntics, però sí dades deduïbles des dels quatre evangelis canònics.