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viernes, 4 de enero de 2013

¡¡¡Fatal año a todos los cabrones!!!

Saliendo de misa, sobre las 20:45 de la tarde del primer día de este año, subía Rambla arriba para volver a casa. En medio de ésta, un hombre con un sombrero de copa portaba en alto una pancarta que ilustraba ¡¡¡Fatal año a todos los cabrones!!! y su correspondiente traducción al catalán en la parte trasera de tan ilustrativa cartulina. Al principio lo de cabrones no lo había leído y pensé que como ese tipo se encontrara a según quién le podrían partir la cara. Pero releí el texto y entendí el significado. Sin embargo, milésimas de segundo después me hicieron reflexionar en desear el mal a otro. Entiendo que los cabrones son prójimos pero que no actúan como tales; entiendo que los cabrones a los que hace referencia este hombre burlesco son políticos, banqueros o empresarios que sólo piensan en el beneficio económico a toda costa, o bien alguien que le haya hecho algo. Si partimos de las dos primeras categorías y deseamos de corazón que pasen un fatal año, tal premisa tiene una consecuencia inmediata y es que estos cabrones como una de sus premisas vitales es tener dinero a toda costa una de sus opciones será mantener su estatus también a toda costa y, por ello, serán capaces de seguir torturando a las clases media y baja para poder seguir como están. 

En definitiva: ¿para qué desear el mal a alguien cuando lo que conviene es el bien propio y el de las personas que están como nosotros? En un país donde la corrupción lleva inscribiéndose durante muchos años en mayúsculas, donde según qué casos son juzgados con una celeridad espeluznante y otros son dejados en un cajón, en un país donde se permite el fraude fiscal a grandes empresas mientras se oprime al pequeño y mediano empresario, ¿qué podemos esperar más? 

viernes, 9 de diciembre de 2011

¿Pasar las fiestas a lunes?: otra barbaridad

De nuevo otra tomadura de pelo de la patronal y de los sindicatos para malmeter conta la ignorante clase trabajadora. La propuesta es fácil: aniquilar las festividades y pasarlas a los lunes aduciendo que el hecho de para las máquinas y encenderlas de nuevo representa un gran coste para los empresarios.

Los días tienen 24 horas; durante unas 8 dormimos, ya quedan 16; de estas 16, 10 las perdemos entre trabajar y desplazarnos; ya nos quedan 6, dos de ellas para comer; sólo nos quedan 4 horas para vivir y estar con los nuestros.

La intención de unos y otros durante tanto tiempo ha sido aniquilar la religión cristiana-católica de nuestra vidas al mismo tiempo que se introducían novedades en el término "familia", hoy desvirtuada, aceptando cualquier vínculo para referirse a ella.

Hoy, 8 de diciembre, día antaño festivo, ha devenido un día de puertas abiertas para tiendas y centros comerciales de todo el país, establecimientos los segundos que deberían estar prohibidos por acabar como han acabado con los pequeños comercios de las urbes y han ofrecido un empleo a cambio de precariedad laboral. Los gobiernos, unos y otros también, han favorecido la situación en la que nos encontramos hoy y parece ser que no hay marcha atrás. Ya no hay quien se implique en nada, todo es válido, nadie se escandaliza por trabajar en festivo y nadie se plantea cómo sería una jornada festiva lejos de centros comerciales. 

Ahora bien, cuando surja un movimiento más implicado que el 15-M y se empiece a perseguir a aquellos politicos y banqueros de detentan la mayor parte del dinero del país, será entonces cuando todo cambie de rumbo. Será necesario, empero, volver a las asociaciones vecinales de dónde se extraigan los mejores ciudadanos para levantar este mundo cada vez más desigual y donde el mal del otro parece que nos haga ser más conformistas.