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miércoles, 26 de diciembre de 2012

Harto del griterío televisivo

Harto del griterío televisivo. Así puedo definir cómo me siento cuando veo, por placer u obligación, ciertos programas que emiten en distintos canales de todos los colores y en los que levantar la voz más que el contertulio contiguo ha devenido una mala costumbre que no se debiere tolerar. 

No importa la hora: cuando llego a casa al mediodía, mientras como, el televisor ya está encendido. Después de las noticias, siempre igual de tristes, Tele 5 gana la partida con el programa De buena ley. Una mala imitación de lo que en su día fue Veredicto, un programa similar pero donde la educación reinaba, no como ahora. En esta clase de programas se pretende reproducir un litigio real a través de actores y actorcillos que no hacen más que vociferar por doquier. Ante tal punto, sólo me interesa conocer el inicio y el final del programa, es decir, el litigio en cuestión y la resolución dada por el juez o jueza de turno que, paradójicamente, tras dar la razón a una u otra de las partes se atreve, en no pocos casos, a dar un juicio moral cuando nadie se lo ha pedido. 

Por la tarde, no me importa ver otra emisión llamada Catalunya opina de Canal Català -otro nombre parecido para el resto de España y difundido por Metropolitan TV-, y dirigido por un pseudosacerdote -Carlos Fuentes-, normalmente acompañado de diferentes opinantes con distintas índoles políticas. Sin embargo, los gritos son también lo que acaban caracterizando tal programa, aunque no alcanzan el grado de Tele 5 con el programa mentado u otros como Sálvame o La Noria -ya desaparecida pero con un sucesor cuyo nombre no conozco-. En el programa de Fuentes suele participar un tal Graciano, un hombre despeinado lleno de ironía cuyo comportamiento nada tiene que ver con el que profesa cuando acude a otros programas nacionales como es en el canal nacional 24 horas. 

Y es que con el griterío se puede percibir que la buena educación se ha marchado de nuestro país y las reuniones son un síntoma de ello. Lejos ha quedado la prudencia de levantar la mano para expresar una opinión y el tono de voz superior al del interlocutor se reafirma como máxima fuerza mientras no tiene lugar una palmada o un puñetazo sobre la mesa. 

Jueves 26 de diciembre de 2012

sábado, 29 de septiembre de 2012

Cuestión de fe

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Aunque a priori muchos puedan revatirlo, la fe, que también podemos denominar confianza, es algo fundamental para nuestras vidas. Sin ella no tendríamos valor para salir a la calle ya que temeríamos que nos pudiera pasar desventura cualquiera. Pero no es así, sino que al salir de casa no tememos, salvo casos muy excepcionales, que un loco pueda acercarse hacia nosotros con una intención maliciosa, malévola.

¿Quién osaría a cruzar la calle en verde sin la convicción de que el coche que se acerca no se detendrá y se nos llevará por delante como si emulara el archiconocido juego Carmageddon? Nadie. Lo mismo sucede en el resto de acciones cotidianas que realizamos.

Ahora bien, con el paso de la vida a causa de las experiencias vividas en la misma, esta fe, esta confianza, en definitiva, la inocencia de la persona se deteriora. Se deja de tener plena certeza en el otro, a creer que no nos va a engañar y el sentimiento de desconfianza nos inhunda por motivo de pequeñas mentiras o desengaños que nos han tocado vivir. De este modo, personas de una misma edad pueden ser más o menos inocentes por causa de esto.

La sociedad en la que vivimos es la que es, nosotros estamos configurados a partir de la misma y, al mismo tiempo, nosotros con nuestros actos también la configuramos, lo que se convierte en una acción recíproca en la que todo aquello malo que le reportemos lo acabaremos recibiendo de vuelta. Por si esto fuera poco, los jóvenes, sin merecerlo, también de los influjos de la sociedad y de víctimas de hoy pasan a ser verdugos del mañana.

Como he apuntado en otros artículos, los medios de comunicación tienen también la culpa de ello ya que se comportan como la sociedad: muestran lo que ven y favorecen que se produzca lo que enseñan. De forma rápida, ejemplos de ello podrían ser series completamente amorales, tales como Física o química, o cualquiera de las que se proyectan en Tele 5 ó Antena 3, en las que infidelidades, sexo y drogas a doquier son ingredientes que no pueden faltar.

En el sentido que apuntaba en los dos párrafos anteriores, si seguimos firmes en nuestras acciones, tomamos conciencia de lo que está bien de lo que no lo está y dejamos tanto de comportarnos como nos marcan los medios e incluso dejamos de ver según qué tipos de programas, no sólo estos medios de comunicación mejorarán su contenido, sino que nuestra sociedad lo agradecerá. Si lo hacemos así, los niños del mañana tendrán de nuevo la inocencia que tenían nuestros padres, e incluso alguno de nosotros, y podremos salir a la calle con más confianza, que representa bienestar.  


14 de mayo de 2010



domingo, 11 de julio de 2010

Estatut i independència

Els mitjans de comunicació diuen que ahir a la tarda van participar en la manifestació a favor de l’Estatut de Catalunya 1.100.000 persones. Molta gent vinguda de moltes parts no només de Catalunya, sinó també d’altres comunitats autònomes, per donar suport a un document que, avui per avui, és anti-constitucional.

Certament, més d’un milió de persones és molta gent, però si a Catalunya hi vivim 7 milions de persones, n’hi ha 6 milions que no vam sortir al carrer, cosa semblant al que va succeir quan des de la Generalitat es va impulsar la votació d’aquest Estatut que, en ell mateix, persegueix quelcom més enllà que recollir un llibret de drets de Catalunya.

Qui carai és un Montilla, un González, un López, un Gallego o un Álvarez per demanar la independència de Catalunya? Com potser que aquests xarnegos diguin ser més catalans que els propis catalans? Hi ha catalans que se senten espanyols i, veritablement, no hi ha cap problema. El problema només rau en què els mitjans de comunicació com ara TV3 –que donava suport a aquesta manifestació, que vam acabar pagant tots-, impulsats per polítics que el que realment volen és manar i prefereixen ser, com diuen en castellà «cabeza de ratón antes que cola de león».

Que m’expliquin com un paio d’un poblet de Còrdova, en José Montilla, una persona que només té el batxiller, ha pogut arribar a ésser President de la Generalitat; com un tal Carod-Rovira, «manyo», pot arribar a exigir la independència d’una terra que ni tan sols és la seva.

Puc arribar a entendre que persones que siguin catalans al 100% vulguin la independència, el que no puc entendre és que aquesta gentussa com la descrita abans encapçali les manifestacions i es posi al capdavant de les institucions catalanes. Quina gràcia em fa veure aquests personatges que es tomben de camisa quan els interessos polítics els impulsen a fer-ho i que si les coses anessin d’una altra manera estarien a l’altra banda.

Abans d’acabar, també vull fer referència a personatges de domini públic, actors, com aquells que promovien amb un gest del dit índex que votéssim al President del Govern de la Nació, José Luis Rodríguez Zapatero, ZP, sigles que mostren en primer lloc la posició que ocupa el nostre país gràcies a ell –l’última-, i, en segon, el nombre de parats que s’ha duplicat gràcies a les seves males gestions econòmiques. A aquests personatges mediocres de la tele, que després pidolen per Madrid quan una gran cadena com Tele 5 o Antena 3 els contracta, haurien d’acabar prenent la seva pròpia medicina i ser conseqüents amb llurs actes. Si no volen Espanya, que no la vulguin per a res, tampoc per demanar feina!

Però, evidentment, la culpa la tenen els governs precedents i el Rei d’Espanya, Joan Carles I, per haver-se abaixat els pantalons l’any 1978. No és possible que una minoria tingui tant poder. Ara, més que mai, dins d’Europa, tot hem d’estar units, però de veritat, amb unes lleis comunes per a tota la Unió Europea i una llengua franca amb la qual puguem anar per tot arreu sense problemes!

11 de juliol de 2010

sábado, 15 de mayo de 2010

Cuestión de fe


A unque a priori muchos puedan rebatirlo, la fe, que también podemos denominar confianza, es algo fundamental para nuestras vidas. Sin ella no tendríamos valor para salir a la calle ya que temeríamos que nos pudiera pasar desventura cualquiera. Pero no es así, sino que al salir de casa no tememos, salvo casos muy excepcionales, que un loco pueda acercarse hacia nosotros con una intención maliciosa, malévola.

¿Quién osaría a cruzar la calle en verde sin la convicción de que el coche que se acerca no se detendrá y se nos llevará por delante como si emulara el archiconocido juego Carmageddon? Nadie. Lo mismo sucede en el resto de acciones cotidianas que realizamos.

Ahora bien, con el paso de la vida a causa de las experiencias vividas en la misma, esta fe, esta confianza, en definitiva, la inocencia de la persona se deteriora. Se deja de tener plena certeza en el otro, a creer que no nos va a engañar y el sentimiento de desconfianza nos inunda por motivo de pequeñas mentiras o desengaños que nos han tocado vivir. De este modo, personas de una misma edad pueden ser más o menos inocentes por causa de esto.

La sociedad en la que vivimos es la que es, nosotros estamos configurados a partir de la misma y, al mismo tiempo, nosotros con nuestros actos también la configuramos, lo que se convierte en una acción recíproca en la que todo aquello malo que le reportemos lo acabaremos recibiendo de vuelta. Por si esto fuera poco, los jóvenes, sin merecerlo, también de los influjos de la sociedad y de víctimas de hoy pasan a ser verdugos del mañana.

Como he apuntado en otros artículos, los medios de comunicación tienen también la culpa de ello ya que se comportan como la sociedad: muestran lo que ven y favorecen que se produzca lo que enseñan. De forma rápida, ejemplos de ello podrían ser series completamente amorales, tales como Física o química, o cualquiera de las que se proyectan en Tele 5 ó Antena 3, en las que infidelidades, sexo y drogas a doquier son ingredientes que no pueden faltar.

En el sentido que apuntaba en los dos párrafos anteriores, si seguimos firmes en nuestras acciones, tomamos conciencia de lo que está bien de lo que no lo está y dejamos tanto de comportarnos como nos marcan los medios e incluso dejamos de ver según qué tipos de programas, no sólo estos medios de comunicación mejorarán su contenido, sino que nuestra sociedad lo agradecerá. Si lo hacemos así, los niños del mañana tendrán de nuevo la inocencia que tenían nuestros padres, e incluso alguno de nosotros, y podremos salir a la calle con más confianza, que representa bienestar.
14 de mayo de 2010

lunes, 3 de mayo de 2010

Lo que puede dar de sí un "polvo"

No son pocos los personajes que se lucran contando sus escarceos amorosos con famosos en los medios de comunicación ávidos de narrar, con todo lujo de detalles, las secuencias entre edredones vividas en tiempos atrás.

Conocidas son mujeres de dominio público como Ivonne Reyes o Belén Esteban, esta última habituada a aparecer en la llamada “Cadena Amiga” para afilar cada día más el lápiz sobre su relación, o falta relación, con aquél que un día se metió dentro de ella, el ya ex torero Jesulín de Ubrique.

Pese a ser mucho el tiempo que llevan pasado separados, la futura patrona de los indefensos sigue contando a los curiosos telespectadores los problemas que surgen entre los de Ubrique y ella utilizando como excusa a la hija que tienen en común. Cada tarde, Tele 5 abre las puertas a esta contertulia –que cree ser copresentadora-, y le ofrece la oportunidad de malhablar de Jesulín y su familia más directa, con cierto odio a la pareja del ex diestro, María José Campanario. Sin embargo, estos últimos no hacen referencia sobre el tema, no se pronuncia, no hacen declaraciones en los medios... Aun así, la Esteban sigue teniendo cada vez más y más renombre, como se vio al protagonizar las campanadas de fin de año, antes tarea otorgada a presentadores más ilustres.


Con todo ello, al hacer partícipes de este tipo de televisión en nuestras vidas creamos en nuestras mentes, sin saberlo, una especie de neblina que mata a nuestras neuronas al ver que “un polvo” –bueno o malo-, puede dar muchos más frutos que años de trabajo y de sacrificio. Los telespectadores también somos responsables de la sociedad en la que vivimos y que vamos construyendo con lo que vemos que, poco a poco, se traduce con lo que hacemos.    
03 de mayo de 2010